Tarraco-es

Grupo de Investigación en Arqueología, Arquitectura y Urbanismo


Tarraco. Simulacra Romae: La construcción de una capital

Las excavaciones en el Foro de la ciudad

Las excavaciones del Teatro

Arquitectura Flavia

Arquitectura y Urbanismo de Tarraco

Uno de los grandes historiadores romanos, Tácito, nos cuenta que el primer templo que se dedicó al emperador Augusto divinizado se construyó en la ciudad de Tarraco. Añadiendo además que sirvió como ejemplo para todas las capitales del imperio. Tárraco fue una ciudad excepcional para el imperio romano. Fue la primera capital fundada fuera de Italia cuando Roma acababa de vencer a Anibal en la segunda guerra púnica. La ciudad tenía ya casi dos siglos de historia cuando fue escogida por el primer emperador, Augusto, para residir durante varios años. Era la capital de la provincia más extensa del imperio y su gobernador era un funcionario que recibía el cargo como final de su carrera administrativa. Después de este cargo, sólo quedaban los altos cargos de Roma como praefectus del Pretorio (ministro del interior) o praefectus de la Anonna (abastecimientos). Tarraco fue el modelo de capital provincial por excelencia. Prácticamente un símbolo de lo que llegó representar el imperio romano. En todo el Mediterráneo tan sólo algunas ciudades de África como Cartago, o de Oriente como Alejandría y Antioquía, alcanzaron esta importancia. La tradición cristiana de la presencia de San Pablo en nuestra ciudad no hace sino confirmar la importancia que tuvo para el Imperio Romano. El mejor indicio del papel excepcional que jugó esta ciudad nos viene dado por la epigrafía que se nos ha conservado. Hemos de subrayar que se trata de una colección de inscripciones que tan sólo es superada en número por las de las ciudades de Roma, Ostia y Pompeya en Italia. Tres ciudades afectadas por problemáticas muy concretas (Una era la capital del imperio, otra era el puerto comercial de Roma y la tercera fue fosilizada por la erupción del Vesubio). En las inscripciones tarraconenses nos aparece la “normalidad” de la vida social de la “capital de provincia” por excelencia. Podemos conocer los nombres y cargos de la administración de la ciudad, de los sacerdotes, de los funcionarios de la provincia… Vemos funcionarios que provienen de Oriente, de Egipto, de Britannia, de las Galias: el Imperio Romano era un sistema que permitía el desplazamiento de población de un extremo al otro del Mediterraneo. Un funcionario podía comenzar su carrera en la Panonia (actual Yugoslavia), proseguir en Siria y Egipto, para acabar, como sabemos en algunos casos en el Praetorium del gobernador de Tarraco. La ciudad conserva importantes vestigios de los antiguos edificios en la ciudad y en su territorio. La muralla es el monumento romano más antiguo y más extenso de la arquitectura de Roma fuera de Italia. El foro provincial fue la plaza más grande que se llegó a construir en todo el imperio romano, por delante de los mayores foros de la propia Roma. En algunos puntos (Pza. del Pallol) se ha llegado a conservar en 14 m de altura. El circo es uno de los escasos circos romanos construidos dentro del recinto urbano de la ciudad. El acueducto de Tarragona sólo tiene como rival en España el acueducto de Segovia. A estas piezas extraordinarias tendríamos que añadir el Arco de Bara, conservado en toda su integridad, los conjuntos funerarios y las villas de Els Munts y Centcelles. Esta concentración de monumentos hace del patrimonio de Tarragona un conjunto excepcional es si mismo. Sin embargo, su universalidad trasciende la simple monumentalidad de estos edificios. Como conjunto de edificios, los restos de la antigua Tárraco simbolizan una historia que supera la historia local de la propia ciudad. Los edificios de la antigua Tárraco representan el valor universal de lo que significó en la antigüedad una capital romana, un símbolo de los valores cívicos de la comunidad de pueblos y culturas que llegó a ser el imperio romano. El centro histórico de la Tarragona medieval, delimitado por las antiguas murallas romanas, hoy se corresponde únicamente con una acrópolis en torno a la que se desarrolla la ciudad moderna. La riqueza de los restos arqueológicos que se conservan se explica por la continuidad vital del asentamiento; no sólo por lo que respecta a aquellas estructuras constructivas romanas, sino incluso por su evolución a lo largo de los periodos paleocristiano y medieval. Hablamos de un tejido urbano medieval que se asienta en elementos romanos fundamentales: las murallas, que define su perímetro, y los restos de las “terrazas” del Foro Provincial y del Circo Romano siguen siendo hoy en día los trazos fundamentales de su urbanismo. Por su enorme tamaño superaba a muchos de los grandes santuarios de la antigüedad, como los de Palestrina ó Tivoli. Significativamente estos ejemplos laciales de cronología republicana son antecedentes de un modo escenográfico de concebir la “urbanización” de las ciudades, citado por ejemplo al hablar de la ciudad de Rodas y que se puede extender a ejemplos como los de Pergamo, del santuario de Kos, del Pireo ó en la Península Ibérica las ciudades de Munigua, Sagunto y Bilbilis. El estudio arqueológico de las construcciones de Tarraco nos permite entender el modo en que se proyectó en las provincias la gran arquitectura de mármol de Roma. La utilización de materiales de propiedad imperial (mármol de Luni) ó el reconocimiento de los talleres “itálicos” que construyeron los edificios permiten explicar la materialización de este proyecto urbano a partir de una excepcional coincidencia de recursos económicos y de intereses políticos entre la casa imperial (fiscus) y las elites provinciales. Una particular situación político-económica que permitirá llevar a sus últimas consecuencias esta forma escenográfica de entender un tejido urbano.